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Consejos para la elaboración de tesis (Parte 2)

                                                                        

Por Pablo Besarón.

 

¿Cómo se escribe una tesis?

 

Como ya señalamos en anteriores escritos (ver http://www.escribimos.com.ar/www/tesis1.htm), el proceso de elaboración de una tesis puede dividirse en tres instancias: investigar, leer y escribir. La etapa de la escritura suele ser la más temida por todo aquel que al momento de ponerse a escribir, como ya es una frase hecha, se inquieta ante el fantasma de la página en blanco.

En tal sentido, en este desarrollo nos dedicaremos a analizar qué es la escritura de una tesis y qué herramientas estratégicas y metodológicas nos van a servir para lograr escribir textos de investigación.

 

La escritura como proceso

En primer lugar, hay que señalar que la escritura es un momento dentro de un proceso en el cual planificar el trabajo, leer bibliografía teórica, realizar un trabajo de campo o ir a observar nuestro objeto de estudio son otros de los momentos de dicho proceso. Es decir: la escritura no es un momento mágico de inspiración, sino que es la etapa final de todo un proceso previo de investigación, lectura y análisis.

 

Algo diferente al lenguaje oral

Otro aspecto a destacarse es que la escritura es un lenguaje diferente al lenguaje oral. O dicho en otras palabras, no se escribe como se habla. En el  lenguaje oral, por ejemplo, podemos emplear más deícticos (este, ese, aquel), que no hace falta hacer explícitos en una conversación, ya que el contexto donde uno emite un acto de habla repone los implícitos (yo le puedo decir a alguien: “Esta persona me cae simpática” señalándole a alguien con un dedo, mientras que en la escritura habrá que aclarar cuál es el referente de “esta persona”).

Por otra parte, hay un aspecto discursivo a tenerse en cuenta. El sentido común, en muchos casos nos lleva a extraer una conclusión general a partir de una observación poco rigurosa (supongamos, si nos cruzamos en la vida con dos personas de cabello rubio que nos trataron mal, inferir que todos los rubios tratan mal a las personas). Frente a ello, el lenguaje de una tesis debe basarse en un sistema de evidencias que tenga validez como hipótesis, teoría o conjetura. Es decir, la interpretación de un fenómeno a analizarse no es libre en su totalidad. Todo aquello que se afirme, debe estar sustentado por evidencias, ya sean documentales o empíricas. 

La lengua escrita y más específicamente la científica (o académica, sería más apropiado decir) tiene sus propias reglas. Para definir cómo escribir nuestra tesis, las preguntas que debemos formularnos parten en primer lugar de indagar sobre aquellos aspectos clásicos de la teoría de la comunicación, en especial aquello que hace al emisor, al receptor, el mensaje y el código.

 

¿Quién habla?

Todo texto (todo acto de comunicación, a decir verdad), por más objetivo o científico que se denote, tiene a alguien que enuncia. En el modo de redactar aparecen huellas sobre cómo se posiciona aquel que escribe.

Nuestro hipotético narrador vendría a ser un estudiante interesado en una problemática de investigación, la cual se dedica a ahondar mediante un trabajo de tesis. Esto que parece una obviedad, no lo es tanto, ya que muchos estudiantes, acaso influenciados por sus lecturas o por intuiciones acerca de cómo encarar la escritura, escriben como si fuesen escritores que desean vender un producto al lector o como si estuviesen redactando un informe a su jefe.

Si bien la escritura de tesis requiere a una voz discursiva que aparente objetividad (ya que, en última instancia, quien supuestamente está enunciando es “el discurso de la ciencia”), aquellos aportes personales, posibles lecturas del objeto de estudio, etc., es conveniente explicitarlos (demos el caso: “en tal sentido, consideramos que...”).  El punto de vista personal, siempre y cuando esté sustentado con argumentos y evidencias, debe aparecer. Esto último que también parece una aclaración innecesaria, no lo es tanto, ya que muchos trabajos académicos no son otra cosa que un cúmulo de citas de lo que opinaron otros sobre el tema en cuestión.

 

El método

La escritura es un estado; tal vez se podría afirmar que uno “deviene escritura” al momento de ponerse a escribir. No hay una única receta para poder escribir, cada cual llega a ese estado según sus usos, hábitos y prácticas cotidianas.

No obstante, uno puede prepararse para poder escribir con mayor facilidad. Un consejo fundamental es que una vez que sabemos que escribiremos una tesis, ya estemos con la idea en la cabeza de que todo lo que hagamos en el proceso de investigación terminará plasmado de alguna manera en lo escrito. Esto significa, por ejemplo, que al leer material del marco teórico o del marco referencial, debemos leer con la mirada de alguien que lee para luego rescribir el material en cuestión. Siguiendo en esta línea, si considera que una frase que está leyendo de Freud se adecua a algo que posiblemente incluya en el desarrollo por escrito, entonces anote en el libro o en una ficha cuál es la frase. Este detalle de organización le evitará demoras innecesarias de pérdida de tiempo en releer páginas y páginas hasta encontrar la frase en cuestión (además de evitarle la observación de su docente evaluador que le exigirá que ponga el número de página y el nombre del libro y del autor mencionados).

Otro ejemplo de lo anterior es hacer una lectura donde veamos cómo resolvieron otros autores por escrito trabajos análogos al que estamos realizando.

Lo más saludable siempre es tener en claro la planificación del proyecto, es decir: ¿qué problema de investigación analizaremos?, ¿cómo lo llevaremos a cabo?, ¿haremos un trabajo de campo o será un trabajo más bien documental? o ¿qué ejes de análisis serán relevantes para lograr los objetivos planteados?

 

La estructura

En cuanto a cómo estará estructurada la tesis, tampoco hay una única regla. Algunas universidades proveen un esquema básico que hay que respetar, al estilo:

 

Portada

Agradecimientos

Índice

Introducción

Capítulo 1: Problema de investigación, Objetivos, Hipótesis, Variables y Método de investigación

Capítulo 2: Marco referencial

Capítulo 3:  Marco teórico  

Capítulo 4: Resultados del trabajo de campo

Conclusiones generales

Bibliografía

 

Si disponemos de mayor libertad para estructurar la tesis, entonces se presentan varias alternativas. Como regla general, el tema que elegimos y el enfoque o área disciplinar desde donde lo abordaremos, ya de por sí nos va marcando un camino.

Es decir, si elegimos como tema de investigación las altas tasas de deserción escolar en determinado colegio público en la enseñanza media chilena, mexicana, venezolana o de donde sea, el tema en sí mismo nos lleva a que habrá que desarrollar algo sobre datos cuantitativos y cualitativos sobre la educación en dicho país, el punto de vista de organismos como la UNESCO o el CEPAL sobre deserción escolar, diferentes enfoques que expliquen la problemática (hay altas tasas de deserción debido a que la pobreza impide a los alumnos asistir a la escuela, debido a que los docentes no poseen una capacitación actualizada de estrategias pedagógicas motivadoras, debido a que la educación media no se adapta a los requerimientos necesarios para que el alumno se inserte laboralmente, etc.), o una descripción sobre el colegio a analizarse.

Un esquema clásico de escritura, también puede dividirse en hacer un análisis diacrónico (a través del tiempo) y otro sincrónico (estructural) de nuestro objeto de estudio. Es decir, un análisis histórico o diacrónico de cómo se manifestó a través del tiempo el tema en cuestión (siguiendo con el mismo ejemplo: hacer un desarrollo histórico de las tasas de deserción en determinado colegio o en la educación media general). El análisis sincrónico o estructural consiste en pensar a nuestro objeto de estudio como un sistema, el cual descomponemos analíticamente. En principio, un sistema está conformado por sus componentes, las funciones de cada componente, las interrelaciones de cada componente con los otros y el objetivo de dicho sistema como un todo.  Siguiendo con el mismo ejemplo, los componentes del sistema escolar serían: alumnos, profesores, institución educativa, familia nuclear de los alumnos, Estado y comunidad. Cada uno de estos componentes con sus funciones respectivas, objetivos y deficiencias.

 

¿A quién me dirijo?

No es lo mismo explicarle la teoría de la dependencia de los países pobres a un amigo, a un lector del suplemento cultural del Diario El País de España o a un profesor de sociología que se dedica a corregir tesis. El mensaje variará notablemente según quién sea nuestro destinatario. Si tengo que escribir una tesis sobre teología para la Universidad del Vaticano, está claro que no será conveniente basar mis argumentos en reivindicar las ideas de El Anticristo de Nietzsche o las ideas de Marx sobre religión. 

Saber quién es nuestro destinatario, implica averiguar qué criterios tendrá nuestro docente evaluador, qué sugerencias de lectura y formales nos plantea, etc.

 

¿Cuál es el código?

En primer lugar, el código que empleamos es el de la lengua escrita académica. Para desarrollar dicho código, debemos comprenderlo. Esto implica desde saber qué es una hipótesis, una variable o un método de investigación hasta aspectos más formales como ser cómo citar, cuándo citar, si escribir en primera persona del singular (considero que...) o una voz discursiva supuestamente más científica y objetiva (consideramos que..., se considera que...).

 

Las citas

Las citas pueden cumplir diversas funciones. Una de ellas es la cita de autoridad. Esto significa que, conjeturemos, si nos vamos a referir a determinada teoría sobre el espacio, se puede citar a alguien reconocido por el ámbito académico (a Einstein, supongamos), con lo cual, nuestra afirmación se refuerza al haber sido dicha por una persona reconocida. En algunos casos, cuando desarrollamos una estrategia argumentativa bastante explícita, no hace falta citar a un autor, si la cita no va a agregar nada nuevo.

La cita en sí misma no debe ser un objetivo en cuanto tal, sino un refuerzo de determinada estrategia argumentativa. Es decir, si voy a afirmar que la nueva economía global que se vino acentuando desde la caída del Muro de Berlín genera una mayor brecha entre los países mas ricos y los mas pobres, se podría poner una cita que refuerce dicha afirmación de Joseph Stiglitz, de Noam Chomsky, de algún documento del Banco Mundial o de algún político socialdemócrata.

Hay diferentes modos de citar que están estandarizados. Uno de los más famosos lo constituyen las normas APA (American Psychological Association), donde primero se cita: Apellido, nombre; Año de publicación; Título del libro (o título del capítulo del libro y luego “en” y el nombre del libro), Ciudad de edición y editorial.

Por ejemplo: Borges, Jorge Luis (1999), Ficciones, Buenos Aires, Editorial Emecé. (para más información sobre las normas APA, ver:   http://www.rrp.upr.edu/cmcep/apa_referencia.htm)

 

Notas a pie de página

El uso de notas a pie de página dependerá de si en la universidad aceptan o no dicha modalidad. También dependerá del estilo de escritura de cada uno. Incluso, hay quienes se inclinan por ubicar las notas al final de la tesis o al final de cada capítulo. En lo personal, prefiero las notas a pie de página, ya se le facilita al lector la tarea de ir a las notas al pie al estar en la misma página la referencia.

Pueden tener dos funciones las notas al pié. La más elemental es citar la referencia de un texto que se ha mencionado en la página. Otra función importante consiste en lo siguiente. Todo discurso, por su propia naturaleza, tiene una estructura con una direccionalidad determinada, pero a su vez, del tema principal que estamos escribiendo, pueden desprenderse otros tópicos que nos alejan de dicho tema principal. Para estos casos sirven las notas al pie: para mencionar ejes o tópicos que se desprenden del tema, pero que si los desarrollamos en la parte principal del texto, corremos el riesgo de desviarnos del eje central de investigación. Por ejemplo, si estamos analizando el estilo de escritura de Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas, y justo nos detenemos a analizar la funcionalidad que cumplen los puntos suspensivos en su escritura, tal vez esto nos remita a otros escritores que usan muchos puntos suspensivos como Lawrence Stern o Charles Dickens, pero debido a que nos vamos del tema principal que estamos analizando, se puede poner una nota al pie mencionando dicha observación.

 

El hábito de la escritura

La escritura, como ya señalamos, es una cuestión de hábito. No queda otro remedio que sentarse y escribir. Hay quienes son más sistemáticos y primero prefieren investigar sobre determinada parte de la tesis, escribir sobre ello y luego continuar con ese ciclo hasta culminar de redactarla; y hay quienes prefieren primero realizar toda la lectura e investigación, y en el último paso ponerse a escribir.

Por último, caben destacar dos cuestiones. Nos vamos a encontrar con que al escribir aparecerán nuevos temas o ejes de análisis que no habíamos tenido en cuenta previamente; esto es un rasgo positivo, que incluso conecta al proceso de escritura con la imaginación, el deseo y la capacidad de asociación.

Finalmente, no hay que desilusionarse porque no salga por escrito en una primera vez todo aquello que deseamos transmitir y en la forma correcta. La escritura es un proceso de reescritura constante. Una vez que empezamos a escribir, el resto son aspectos que se irán puliendo en su desarrollo. 

 

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