Consejos
para la elaboración de tesis (Parte 1)
Por
Pablo Besarón.
¿Cuál es el
objetivo de la realización de una tesis universitaria?: en un
sentido amplio y en cierto modo idealista, el objetivo básico
es hacer un aporte innovador a la ciencia que contribuya al bienestar
de la humanidad. Ahora bien, desde el criterio de una persona
"media" (que no pretende, como sería el caso de Nietzche con su
tesis sobre El origen de la tragedia, ni el caso de Foucault obteniendo
su doctorado con su Historia de la locura en la época clásica),
decíamos: en el caso de una persona media, el objetivo para realizar
una tesis, principalmente, es obtener su título universitario,
valor tan preciado en nuestra sociedad que cotiza a las personas
a partir de su "capacitación" universitaria.
En este sentido,
el objetivo de este texto que desarrollo a continuación, así como
de otros textos que iremos publicando, consiste en dar algunas
recomendaciones cuyo principal objetivo es lograr que quienes
tienen ante su horizonte la necesidad de desarrollar una tesis
universitaria, logren llevar a cabo su cometido con una máxima
eficacia.
Tradicionalmente,
quienes escriben o dan consejos sobre cómo elaborar una tesis,
se centran en aspectos metodológicos en un sentido restrictivo.
Suelen mencionar qué es una hipótesis, qué es una variable, o
cómo definir los objetivos de una investigación. Tales perspectivas
de análisis, si bien hacen alusión al asunto sobre qué aspectos
deberían tenerse en cuenta en la realización de un trabajo de
tesis desde una perspectiva metodológica restrictiva y cientificista,
no se explayan en lo que respecta a una serie de factores contextuales
y de hábitos en el proceso de investigación, lectura y escritura
fundamentales para lograr la realización efectiva de un trabajo
de tesis.
¿Por dónde
empezar?
Es la pregunta
básica que uno se plantea cuando tiene que emprender un proyecto.
En primer lugar, debe elegirse un tema. Tan importante como la
elección de un tema es detectar una problemática. Precisamente,
en la elección de una problemática se condensa el motivo básico
por el cual realizaremos una investigación.
Como ya es
un lugar común, la planificación de un proyecto es la etapa más
importante del mismo.
En este sentido,
un buen método sobre por dónde empezar, una vez que elegimos un
tema y detectamos una problemática es hacer una lectura rápida
o "escaneada" del material que se ha compilado, e ir anotando
aspectos claves en lo leído. A partir de allí, es importante realizar
un índice tentativo sobre qué aspectos serán desarrollados en
cada capítulo de la tesis. La visualización de dicho proyecto
es un aspecto fundamental para tener más o menos en claro hacia
dónde queremos llegar. En el transcurso del desarrollo de la tesis,
es probable que muchos de los puntos planteados en la planificación
sean sometidos a modificaciones, anulaciones o agregados. Esto
no significa que la planificación fue mal realizada, sino que
en la etapa de ejecución del proyecto siempre surgen contingencias
que sólo pueden ser advertidas una vez que comenzamos a escribir
el trabajo.
Investigar,
leer y escribir
El proceso
de realización de una investigación, aunque parezca innecesario
mencionarlo, puede definirse a partir de 3 situaciones interrelacionadas:
investigar, leer y escribir.
Investigar
Investigar
consiste en la búsqueda de toda la información pertinente que
nos sirva de apoyatura para el desarrollo de nuestra tesis. Es
tanto compilar bibliografía, hacer un trabajo de campo como observar
el comportamiento de nuestro objeto de estudio. Nunca está de
más la información. Primero debe compilarse información, debe
leérsela, y finalmente se realiza el descarte y la relevancia
de la información compilada.
Leer
La lectura,
en un sentido genérico, implica todo proceso de observación e
interpretación de la realidad. Leer es rescribir aquello que se
lee. Cualquier persona, cuando está comentando un programa de
televisión o viendo una publicidad en la calle, está haciendo
una lectura de ese fenómeno. Vale decir:, leer significa interpretar
un sistema de signos determinado. En un sentido restringido, la
lectura presupone 2 instancias. La parte descriptiva y la parte
interpretativa. La descripción denota una supuesta mayor objetividad
de aquello que se ha leído. La interpretación es más personal
y subjetiva. Esta clasificación se torna más compleja si mencionamos,
por ejemplo, que la descripción en cuanto tal es interpretativa,
en tanto aquello que se describe de un objeto, puede estar determinado
por el enfoque o punto de vista de quien describe. Este rasgo
puede verse con claridad al compararse noticias aparecidas en
diferentes medios de comunicación. El estilo discursivo puede
ser descriptivo, pero mientras unos se centran en narrar algunos
acontecimientos de un episodio, otros se centran en comentar diferentes
acontecimientos del mismo episodio. Un ejemplo interesante lo
encontramos con una noticia que apareció en la televisión de Buenos
Aires en el año 2002. El episodio era el siguiente: el jefe de
gobierno de la ciudad de Buenos Aires destituyó a uno de sus secretarios.
A raíz de esta circunstancia, el grupo político que apoyaba al
funcionario público destituido decidió tomar la legislatura para
reclamar por la vuelta del funcionario destituido. Uno de los
medios que cubrió la noticia, se centró en el hecho de que "hay
funcionarios que la gente quiere: no todos los políticos son considerados
corruptos por la gente". Otro de los medios que cubrió la noticia
se centró en "el riesgo que implica que la gente tome edificios
públicos". Ambos tratamientos de la noticia, estaban contados
de un modo descriptivo. Sin embargo, el recorte que se hace de
la noticia, varía según los diferentes puntos de vista.
Más allá
de esta salvedad, es importante diferenciar lo descriptivo de
lo interpretativo cuando uno lee o escribe. Previamente a interpretar,
es importante tener en claro que se ha comprendido aquello que
luego se someterá a interpretación. Es decir, como ejercicio intelectual,
siempre es conveniente tener en claro que se ha comprendido qué
se está leyendo, para luego como segunda instancia poder interpretar.
Escribir
Escribir es
releer. Vale decir, la escritura en cuanto tal no se define como
algo que surge espontáneamente. A tal punto esto es así que la
escritura no es más que la etapa final de un proceso de investigación,
lectura, análisis e interpretación. Un mito que se acentuó con
el romanticismo del siglo XIX, nos señala que la escritura es
producto de la inspiración espontánea. Esto no es así. Se puede
estar más o menos inspirado, pero el proceso de escritura es el
resultado de un trabajo previo.
Algo que hay
que tener en cuenta cuando se escribe, es que en definitiva no
nos encontramos más que con significantes, o como se decía en
un soliloquio de Hamlet: palabras, palabras, palabras. Es decir:
en materia de escritura, lo más importante consiste en cómo hacer
creíble mediante fonemas, palabras, oraciones o discurso determinada
afirmación. Si aquello que afirmamos en la escritura es verdadero
o falso, es una discusión sólo útil para los epistemólogos o para
la lógica positivista. En cuanto a la especificidad de la escritura,
más importante que la verdad de los enunciados, es su verosimilitud;
es decir, que parezcan "creíbles para nuestros lectores".
Presuponer
al destinatario en la escritura
En la eficacia
de un texto, es tan o más importante que su desarrollo argumentativo,
el hecho de tener en cuenta a sus lectores objetivos en la escritura.
Precisamente, un texto "es" en la medida en que tiene un lector.
Sin lectores, las palabras escritas no cierran el ciclo comunicativo.
Si queremos
que nuestro texto logre el beneplácito de sus lectores, el desarrollo
argumentativo debe estar basado en sus criterios de legibilidad.
Por ejemplo, lectores de disciplinas como medicina o marketing,
como expectativa de lectura suelen "creer" más en textos donde
haya estadísticas, gráficos o cuadros sinópticos. Para este tipo
de lectores, la "verdad" sólo es aprehensible mediante números
o imágenes agradables a la vista. Se puede hacer una afirmación
con palabras y desarrollándola argumentativamente, pero para este
tipo de lectores, las estadísticas, los porcentajes o los gráficos
generan un efecto de lo real.
La forma
Aunque resulte
extraño, es tan o más importante que el desarrollo argumentativo,
el aspecto formal en el desarrollo de una tesis. Se pueden tener
las ideas más innovadoras y lúcidas, pero el docente evaluador
tendrá en cuenta más que todo aspectos formales, como ser: el
sistema de citas a emplearse, la realización de un índice, la
facilidad de lectura que implique el espaciado entre renglón y
renglón, etc.
¿Deben
leerse de principio a fin los libros?
Los libros
no necesariamente deben leerse de principio a fin. Esta afirmación,
hoy en día, con la existencia de los hipertextos se hace bastante
evidente. Se advierte en nuestra cultura (aunque cada vez menos)
una suerte de sacralización y tiranía del libro donde cuando alguien
empieza a leer un libro, debe leerlo de principio a fin. Salvo
para casos de textos de ficción o ciertos libros muy metodológicos
donde se desarrolla a través del libro una metodología muy específica,
en general los libros son repetitivos y redundantes. Aquello que
nos dicen en 400 páginas podrían decírnoslo en 100 páginas, en
20 páginas, o en 100 palabras. Vale decir: es recomendable realizar
una lectura salteada de la bibliografía a leerse, con ello se
ahorra mucho tiempo en lecturas innecesarias.
Anote los
libros
Otro mito
(en el sentido de falsa creencia) relacionado con los libros es
que debe mantenerse su "pureza" sin realizárseles anotaciones
en el papel del mismo. Es importante que cuando se lee un texto
se realicen anotaciones, se subraye, y se redondee lo leído. El
proceso de lectura no se cumple si no rescribimos lo leído. La
pureza fetichista de mantener los libros "limpios" de anotaciones,
atenta contra la reelaboración pedagógica necesaria para lograr
asimilar un texto leído.
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