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"BIO�TICA Y LITERATURA"

(de una cuesti�n nominal de la Bio�tica como instrumento de an�lisis Literario. Un punto de vista.)

Basado y trabajado en el libro �tica de la Vida y Vida de la �tica en el fin de siglo del Dr.Jos� Mainetti. Fundaci�n Mainetti. La Plata. Pcia de Buenos

Por Liliana Duarte.

MARCO CONCEPTUAL

El Dr. Mainetti dice: "Desde los "atardeceres" del siglo XX y, respecto de la disciplina de la Bio�tica como �tica de la vida y vida de la �tica, se la ha tomado como la m�s representativa de lo que es la ciencia y la t�cnica como as� su control normativo en este fin de siglo. No cabe duda, igualmente, de que en este fin de siglo, el discurso moral se ha transformado en el metarelato o megadiscurso pol�tico, p�blico, acad�mico, institucional, etc. Todo es �tica en este momento, como palabra de moda, lo cual no quiere decir que la realidad de su contenido sea tal." De su palabra o concepto nominal se puede hacer una abstracci�n ling��stica y describirla por su forma y contenido, o bien por su etimolog�a , significado y sentido. Hacerlo desde un punto de vista ling��stico es hablar del signo propiamente dicho y describirlo semiol�gicamente. Hacerlo desde su sentido propiamente dicho es describirla y desarrollarla hermen�uticamente. Hacerlo como descripci�n desde su polisemia y correspondencia literaria es realizar una abstracci�n y dar una visi�n de im�genes sugestivas de una bio�tica ficta, como de la metaf�sica o de la teolog�a, como ramas de la ciencia ficci�n o de la literatura fant�stica y, de alg�n modo un g�nero literario.

INTRODUCCI�N

El presente trabajo representa un intento de demostrar, como objetivo, a la bio�tica como instrumento de an�lisis literario, partiendo del abordaje a tres temas que conciernen a la disciplina en cuesti�n y su "encuentro" en los mitos, en la literatura cl�sica, contempor�nea, cine, teatro; es decir en el arte. Para dicha demostraci�n se ha tomado como eje referencial el texto "�tica de la Vida y Vida de la �tica en el fin de siglo", cuyo autor es el Dr. J.A. Mainetti. Desde all� el desarrollo del mismo es breve en lo que concierne a la descripci�n ejemplificadora, pues cada uno de ellos abarcar�a un centenar de p�ginas si son sometidos a una relaci�n, descripci�n y extrapolaci�n exhaustiva. No obstante, los mismos son esclarecedores pues la presentaci�n contiene los conceptos textuales de este gran maestro de la Bio�tica. Para una lectura lineal del mismo, en el contenido del trabajo se observar�:

Conceptos preliminares respecto de la �tica.

Etimolog�a de la palabra bio�tica y su extensi�n significativa.

Presentaci�n de la misma en tres cap�tulos principales que conciernen a los siguientes temas:

"Paradigma de la �tica tecnocient�fica", "el fen�meno cultural de la crisis de la bio�tica" y "�tica de la medicina posmoderna" y sus correspondientes relaciones, semejanzas, correspondencias literarias.

No es objetivo, en este trabajo, fiscalizar los contenidos desde el cometido m�dico.

Completa el objetivo la intenci�n personal de estudiar o "ver" a la Bio�tica, desde otro punto de vista.

CONCEPTOS PRELIMINARES

�QU� ES LA �TICA?

La �tica se interesa por las obligaciones morales, la responsabilidad y la justicia social. La palabra deriva de los t�rminos griegos "ethikos" y "ethos" que significan uso o costumbre. Seg�n Arist�teles, el t�rmino incluye la idea de car�cter y disposici�n. As�, la �tica refleja el car�cter del individuo y, m�s contempor�neo quiz�s, el car�cter de la organizaci�n , que es un grupo de individuos. Hay muchas formas de definir la �tica. Lo �ltimo que se ha dicho es que a trav�s del estudio de la �tica la persona entiende y se gu�a seg�n lo que est� bien o mal moralmente. Aun as�, la controversia todav�a persiste debido a las diferencias de valores y perspectivas. Lo que puede ser �ticamente bueno para una persona, puede ser malo para otra. Debido a esto, la sociedad tiende a definir a la �tica en t�rminos de comportamiento. Por ejemplo, una persona es considerada �tica cuando procede de acuerdo con renombrados principios morales basados en ideales tales como rectitud, justicia y verdad. Estos principios gobiernan la conducta tanto en los niveles individuales, y pueden estar basados en valores, cultura, religi�n e, inclusive, legislaci�n. Los st�ndares �ticos, en consecuencia pueden cambiar, o al menos ser influidos por los cambios legislativos o en los valores sociales. A partir del momento en que es posible que los st�ndares �ticos cambien, alguien puede preguntar por qu� la sociedad opera con �tica. La respuesta no es tan simple. La �tica es un elemento esencial de �xito en los niveles individuales y organizacionales. En la sociedad, valoramos la libertad personal. Sin embargo, si, en ejercicio de nuestra libertad, comprometemos nuestra �tica, da�amos a esa sociedad. Esto es, terminamos cercenando nuestra libertad individual y el goce de la de otros, as� como nuestra base �tica. De modo que la �tica constituye el fundamento de la clase de persona que somos y de la clase de organizaci�n que representamos. Esto es �tica aplicada a la gesti�n empresarial. Aplicada a la salud o a la atenci�n de ella, se la denomina Bio�tica cuyos principios derivan de la anterior y con la misma relevancia e importancia pues redunda en el individuo y en la sociedad. De all� que tambi�n se hable de una �tica social y una bio�tica social. En cuanto a su concepto nominal (el de Bio�tica) existen, desde su epistemolog�a, g�nesis y desarrollo unas cuantas valoraciones de la que se ocupa este trabajo en cuesti�n:

"�Qu� es la bio�tica, desde el punto de vista nominal?"

REVISIONISMO

LA CUESTI�N NOMINAL DE LA BIO�TICA

La cuesti�n del nombre no es de mera etiqueta para la bio�tica sino que interesa a la esencia y existencia mismas de la disciplina. A principios de la d�cada del `70 aparece en los EE.UU. la novedad terminol�gica y conceptual de la bio�tica. Traspuestas las fronteras nacionales e idiom�ticas, la bio�tica es hoy una com�n empresa acad�mica y cosmopolita para el tratamiento de los problemas normativos de la biomedicina. Pero la nominis quaestio bio�tica, m�s all� del inter�s por el origen y difusi�n del vocablo, da que pensar sobre la naturaleza de una disciplina nacida de la lengua griega por el enlace de bios y ethik�.

El recurso a la etimolog�a ( �yimos= verdadero) ilustra tambi�n una verdad transcultural de la bio�tica, la del fundamentalismo latino de cara al pragmatismo anglosaj�n. Seg�n el registro disponible, el t�rmino bio�tica se introduce por primera vez en el t�tulo del libro de Van Rensselaer Potter "Bioethics, Bridge to the Future"( 1971). �sta dice la s�ntesis de "dos culturas"y una clave para construir el "puente hacia el futuro" que propone el subt�tulo: biolog�a moral como calidad de vida ante el desaf�o ecol�gico planetario. El segundo empleo del vocablo pertenece a una instituci�n, "The Joseph and Rose Kennedy Institute of Ethics for the Study of Human Reproduction and Bioethics", fundado por Andr� Hellegers con el patrocinio de la familia Kennedy en 1972 y que, a la muerte de aqu�l se transform� en el Kennedy Institute of Ethics (1979). Como Potter con su propuesta ambiental, Hellegers tuvo una inspiraci�n macobi�tica reproductiva con su proyecto poblacional, la biolog�a reproductiva aplicada a la mejora de la sociedad humana. Sin embargo, a pesar de ambos megaproyectos bio�ticos, la palabra tard� en imponerse como el nombre de la nueva �tica m�dica o bio�tica, a la que dio estatuto epistemol�gico y pila bautismal la "Encyclopedia of Bioethics " (1978).

A partir de entonces, durante los `80, las instituciones acad�micas, pol�ticas y asistenciales de EE.UU. acu�an, si bien con algunas reservas sobre la autenticidad que no tuvieron la divisa corriente. En los medios intelectuales se advert�a, por un lado, cierto equ�voco del t�rmino - identificar la bi�tica con una fundamentaci�n biol�gica de la moralidad, siendo contrario sensu la propuesta mayoritaria una �tica aplicada a la biomedicina; y por otro lado, la extensi�n del campo bi�tico respecto de la �tica m�dica tradicional, se supon�a distraer del objetivo social reformista de la medicina y la atenci�n de la salud. En cualquier caso, el solapado debate por la comprensi�n y la extensi�n del concepto bio�tico epilog� con la aceptaci�n del t�rmino. Otra instancia nominativa y conceptiva se plante� con la importaci�n internacional de la bio�tica, particularmente en los pa�ses europeos y latinoamericanos. El caso Franc�s es paradigm�tico en la resistencia al monopolio o colonialismo bio�tico ( y biol�gico) norteamericano, sentido como imperio de la Coca Cola o los Mac Donalds. Se denuncian los serios equ�vocos y la polisemia del vocablo, el que no obstante la censura gana las publicaciones y los medios de comunicaci�n; si proscribirlo es imposible, debe acept�rselo con reservas y el compromiso de despejar sus seudo significados. Despu�s de rotado, tambi�n en Francia la bio�tica le "salv� la vida a la �tica", incluso nominalmente, pues en el uso de la filosof�a pr�ctica, "�tica" empieza a desplazar a la "moral", una patente griega renueva la latina. Y este es justo el locus classicus en la nomiinalis quaestio de la bio�tica. Es curioso que la cuesti�n nominal de la bio�tica no sea tal cuesti�n en la literatura corriente de la disciplina. Muy pocos t�tulos en la bibliograf�a internacional, mayoritariamente norteamericana, registran DE NOMINE QUAESTIO.

Inversamente, en los pa�ses latinos que asimilaron y recrearon la bio�tica se ha cuestionado el nombre y la mentalidad de �sta, proponi�ndose alternativas. M�s all� de una reacci�n xen�foba al colonialismo bio�tico anglo -americano, el hecho reflejar�a una diferencia cultural en el abordaje de la disciplina, vale decir en su fundamento o modelo conceptual. Mientras que la tradici�n empirista anglosajona - y en particular la pregmatista norteamericana - se inclina por un procedimentalista, la tradici�n racionalista europeocontinental - y en especial la euro latinoamericana o mediterr�nea - es proclive a un fundamentalismo . No caben dudas sobre la posibilidad y necesidad de integraci�n entre ambas tradiciones culturales. Quiz�s esa mediterr�nea ra�z grecolatina aflora en nuestra cuesti�n nominal de la bio�tica. C�mo percibimos acad�micamente la disciplina: En primer lugar, vemos en ella una manera de pensar, una filosof�a pr�ctica o aplicada como paradigma de la moral civil y tecnocient�fica de nuestro tiempo. En segundo t�rmino, entendemos que la bio�tica significa m�s que �tica m�dica renovada, pues constituye la nueva filosof�a de la medicina (iatrofilosof�a) en la crisis de la identidad de �sta respecto de su objeto, m�todo y fin, para cuyo correspondiente escrutinio filos�fico hacen falta una antropolog�a, una epistemolog�a y una axiolog�a (agatolog�a) m�dicas. Por �ltimo, pero en forma abierta, se piensa a la bio�tica como biofilosof�a, con su teor�a ( fenomenol�gica, anal�tica, dial�ctica u otras) y su pr�ctica ( biomoral, bioderecho, biopol�tica�) de la vida.

En cualquier caso, confiamos en la bio�tica como nueva vida de la �tica en la actual crisis de la humanidad, con la esperanza de una revolucionaria apropiaci�n bio-�tica del destino humano y llegar a ser lo que queremos y nos debemos ser.

BIO�TICA: �TICA DE LA VIDA Y VIDA DE LA �TICA EN EL FINAL DE SIGLO XX: PARADIGMA DE LA �TICA TECNOCIENT�FICA.

La primera incursi�n es la del desarrollo de la ciencia y de la t�cnica en nuestro reciente pasado siglo XX, con las ambivalencias del mismo y, c�mo estas ambivalencias reconocidas desde la m�s remota antig�edad, desde el mito, han llegado hoy a hacerse dram�ticamente sensibles. El mito de D�dalo e Icaro en la antig�edad cl�sica, en Grecia, justamente el rostro j�nico del progreso; esto es, c�mo la ciencia y la t�cnica tienen una cara positiva, se puede producir el bien como consecuencia de la aplicaci�n del conocimiento a los fines pr�cticos, pero tambi�n se puede caer en el error, en el mal y �sta es la cara negativa. D�dalo e Icaro, padre e hijo, est�n encerrados en el laberinto que el primero hab�a construido para encerrar al Minotauro y la �nica salida del laberinto se le ocurre a D�dalo, y que es a trav�s del vuelo: construye entonces unas alas que adosa a los hombros de �l mismo y de su hijo, logrando as�, con este invento fenomenal que es el vuelo, el "avi�n" para escapar del laberinto. Pero ocurri� que Icaro no logra el �xito con esta operaci�n, pues no sigue los consejos de su padre de no aproximarse al sol porque las alas estaban pegadas y el sol pod�a derret�rselas. Icaro, entusiasmado por el placer de volar, el deseo satisfecho, se aproxima al sol, desoye el consejo paterno y perece. Los griegos quisieron dar a entender con esto que toda invenci�n tecnol�gica comporta esta ambivalencia, este rostro j�nico. Y los griegos tambi�n expresaron esta ambivalencia en una figura mitol�gica de la quimera, un monstruo formado por las partes de distintos animales. Beleforonte fue el h�roe que mat� a la quimera, pero al matar la quimera, Beleforonte tambi�n sucumbi� a una depresi�n que lo llev� al suicidio. Con esto, tal vez los griegos quisieron dar a entender que el hombre no puede dejar de pensar la quimera, de crear la quimera. Hoy en d�a existe la posibilidad de retornar a los monstruos: los dinosaurios de Jurassic Park, de alguna manera en el imaginario social nos recuerdan estas posibilidades que tiene el hombre con su poder tecnocient�fico de producir monstruos; pero no nos olvidemos que la quimera es tambi�n la met�fora de la fantas�a , de la ilusi�n, de l imaginaci�n, de la poes�a, de la utop�a. Sin quimera no hay posibilidad de vida para el hombre, como Beleforonte nos lo est� se�alando. Siempre se ha conocido de esta ambivalencia, pero la ciencia y la t�cnica del siglo XX la han llevado al paroxismo. Primero, porque la ciencia denota un poder en s� mismo destructivo, la humanidad lo ha experimentado: la bomba at�mica, la explosi�n nuclear fue para la humanidad la toma de conciencia del pecado original; es decir, la posibilidad de que la ciencia y la t�cnica se empleen para el mal. Esta ambivalencia es la de un gran poder destructivo que implica el exterminio no solamente de algunos hombres, sino de la totalidad del g�nero humano. Aunque parezca apocal�ptico este aporte, el poder destructivo se conjuga con otra novedad de la ciencia en el siglo XX, que es su capacidad factiva o creativa. La ciencia cl�sica, que se distingu�a de la t�cnica, era una ciencia contemplativa, esto es, una ciencia que observaba, que pretend�a no modificar la realidad y, cuando lo hac�a, lo hac�a a trav�s de la t�cnica con criterios finalistas, pr�cticos, morales. La ciencia moderna no es un ciencia contemplativa, sino una ciencia pr�ctica, de acci�n que modifica la realidad sobre la cual act�a, y esto es en la f�sica, en los quantum, los genes, en los embriones, en los envitriones: "para conocer necesito operar". �ste es el gran dilema de nuestro conocimiento en la ciencia y en la t�cnica actuales. Algunos ya hablan de tecnociencia porque nuestra ciencia es t�cnica, no se puede no actuar, para conocer se necesita intervenir. La revoluci�n biol�gica nos muestra esto de manera muy clara, como si nuestras capacidades de transformar la naturaleza c�smica estuvieran hoy d�a vueltas hacia la transformaci�n de la naturaleza humana. Y esto es lo verdaderamente inquietante y lo que, desde el punto de vista moral crea la sorpresa, la pregunta, la incertidumbre y el desaf�o desde nuestros d�as hacia el futuro. En esta t�cnica demi�rgica, esto es t�cnica capaz de crear al hombre o, por lo menos, de transformarlo o recrearlo, hay dos l�neas tecnol�gicas: Una cibern�tica, que a trav�s de la inteligencia artificial y la rob�tica suple las capacidades humanas con la m�quina y la otra biogen�tica, que es la capacidad de producir la vida en laboratorio. En la l�nea cibern�tica, en el imaginario hist�rico de la sociedad occidental por lo menos, desde Israel existe una vieja leyenda judeo - cabal�stica, que es la del Golem, a la que el escritor Borges dedic� un hermoso poema, e incluso la edici�n de Gustav Meyrink, un escritor austr�aco de los a�os anteriores a la Primera Guerra Mundial, resucit� este tema del Golem. El Golem es un mu�eco de barro sobre el cual, seg�n la leyenda, pronunciando las palabras que Dios utiliz� b�blicamente para engendrar al hombre, se puede entonces, recrear al hombre. La historia del Golem es muy triste pues nunca lleg� a ser un hombre completo, ha sido un hombre a medias, con deficiencias mentales y que ha terminado por ser destruido o por volverse contra su creador. De ello, lo que interesa es constatar la presencia en el imaginario social de una idea que hoy est� siendo utilizada por la ciencia y la t�cnica. Ir al mito no es un regreso patol�gico, sino una vuelta al originario. La ciencia y la t�cnica en muchos casos, no hacen m�s que realizar los sue�os que la humanidad ha tejido desde sus comienzos, racionales, por lo menos. Esta tendencia gol�mica de la tecnociencia se expresa en la cibern�tica; cuando se abri� en Israel la primera computadora del Instituto Weizmann se bautiz� Golema, es decir que el imaginario del Golem, de crear la inteligencia artificial, de que el hombre puede transmitir a la m�quina su capacidad mental, representa una l�nea de tecnolog�a demi�rgica, capaz de crear al hombre. La otra l�nea demi�rgica entropopl�stica es la del hom�nculo, que consist�a, seg�n la tradici�n herm�tica y tambi�n de los alquimistas y del Paracelso, entre otros hombres del Renacimiento, en producir al hombre en el laboratorio, en la probeta o en el alambique, a partir del semen. Esta historia hoy se ha cristalizado con la fertilizaci�n in vitro; el hombre ha podido extraer el huevo del nido, ponerlo en la placa de Petri, fertilizarlo y luego hacer con �l un mont�n de cosas m�s. De esta manera, relacionando los par�metros cient�ficos con los lierarios, queda expuesta la visi�n imaginaria de por qu� la bio�tica es de alguna manera , el paradigma, el modelo de una �tica de la tecnociencia y por qu� la ciencia y la t�cnica exigen hoy la �tica y antes no lo exig�a porque pensaban que la ciencia y la t�cnica respond�an espont�nea, naturalmente a los fines , intereses y deseos del hombre. Hoy vemos que, por lo menos a prima facie, que no es as� necesariamente. Debemos investigar qu� intereses o qu� valores la ciencia pone en juego y controlar su poder.

CRISIS DE LA VIDA Y DE LA �TICA. DESAF�OS.

Se consideran tres crisis:

1-La cat�strofe ambiental - el problema ecol�gico.

Afecta la supervivencia de la especie y de la naturaleza in toto. La cuesti�n del hombre no es una cuesti�n azarosa, inesencial, accidental a la materia de estudio, es fundamental y la historia de la Bio�tica lo demuestra a todas luces, c�mo esta palabra ha tratado de imponerse, ha costado que se impusiera, pero finalmente lo ha logrado. Bio�tica es una palabra de dos t�rminos griegos: BIOS , que significa vida, y m�s espec�ficamente vida humana, porque el griego para designar la vida en general habla de ZOE, animal, de all� nuestro zool�gico, y ETIQU� , �tica, ETHOS que significa car�cter, costumbre y tambi�n lugar. Todo esto quiere decir que la bio�tica conjuga BIOS y ETIQU�, vida y �tica; esta conjunci�n es realmente una novedad terminol�gica - antes no exist�a la bio�tica como t�rmini -, y como disciplina o multidisciplina que se va a encargar de los temas que aparecer�n a continuaci�n. En el a�o 1971 aparece un libro que lleva por primera vez el nombre de la disciplina que m�s tarde ser�a llamada as�: Bio�tica. �ste es un libro de un onc�logo de la Universidad de Winsconsin, VAN RESSELAER POTTER, y subtitulado "Bioethics Bridge to the Future", como ya se anticipara; es decir, la conjunci�n de BIOS y ETIQU�, de ciencia y conciencia, de t�cnica y moral, de las dos culturas, la human�stica y la cient�fica, es el salvoconducto de la humanidad hacia el siglo XXI. Potter ten�a detr�s, como problema fundamental de esos d�as, los a�os setenta en el primer , el tema ecol�gico. Este hombre, que era un investigador del c�ncer a nivel molecular, un especialista en cin�tica celular, deja el microscopio y empieza a mirar la cosa grande para ver c�mo el problema de la ocog�nesis, esto es la degeneraci�n del c�ncer, tiene sus causas m�s se�aladas en el medio exterior. Ve que hay un problema ecol�gico que est� dando cuenta dela patolog�a del siglo XX y se puede comprobar, a medida que pasa el tiempo, la verdad de esta propuesta. Sin duda el gran problema, el problema macro de la bio�tica, es la crisis de la vida por la cat�strofe ambiental, es la situaci�n de la tierra en terapia intensiva a la vez que comprendemos m�s que nuestros recursos naturales se extinguen, se agotan y nuestro medio o h�bitat de vida se deteriora . La tierra es un ser vivo al cual el hombre en su experimento civilizatorio ha desiquilibrado y llevado a extremos de extinci�n. �sta es la tesis de una �tica de la vida en este nivel macro; la �tica tradicionalmente, en Occidente al menos ( en Oriente es algo distinto), no se ocupaba m�s que de las personas. La �tica es un problema de responsabilidad, de la conducta de los seres racionales y libres, nada tiene que ver la naturaleza con los problemas morales, al contrario, parecer�a que un abismo separa a la naturaleza del esp�ritu y �ste le corresponde la acci�n moral, pues la naturaleza es inmoral o, por lo menos amoral. Pues bien, hoy sabemos que no es as�, hace falta una �tica de la vida. La alianza o pacto entre ambas es una imagen fecunda de la cual es un desaf�o de pr�ctica, de instalaci�n �tica, nuestro nuevo pelda�o moral hacia fines de este siglo.

2- Crisis bio�tica, la revoluci�n biol�gica. En general, el hombre aspira a plasmar al hombre, a reformular al hombre y �sta es una respuesta pigmali�nica, antropopl�stica, la posibilidad de modelar, de esculpir, de transformar el cuerpo humano, una de las grandes l�neas de trabajo de la ciencia m�dica. Revoluci�n biol�gica, revoluci�n pigmali�nica o antropopl�stica, porque no se tratar�a tan solo de una revoluci�n cient�fica y tecnol�gica, que lo es. La biolog�a molecular y la biogen�tica son una verdadera revoluci�n, un punto de inflexi�n, el desarrollo de la tecnociencia, como la fisi�n at�mica y la teor�a at�mica fueron respecto de la f�sica nuclear, un equivalente de lo es la biolog�a molecular. El hombre es un ser carenciado, minusv�lido, deficiente comparado con cualquier otro animal; pero el hombre logra compensar sus carencias originarias mediante un artefacto o aparato ortop�dico que es el episoma o parasoma de la cultura; �sta es una pr�tesis que el hombre va fabricando para alcanzar los objetivos de supervivencia. Tal concepci�n antigua de la t�cnica no encierra mayor problema moral porque la naturaleza era un punto fijo a la que hab�a simplemente que adaptarse. La modernidad trae una visi�n totalmente distinta; la naturaleza no est� en ning�n lado, el centro del mundo no existe, su circunferencia est� en cualquier parte, el hombre no es el centro del universo, de la realidad no se puede conocer nada; el �nico punto fijo y certeza es la del sujeto pensante, el famoso COGITO, ERGO SUM de Descartes. Pero la posmodernidad, si se puede hablar as�, ha dado otro punto de infexi�n. Ya ni la naturaleza, ni el sujeto pensante son las palancas de apoyo de la acci�n humana, porque el sujeto ha empezado tambi�n a disociarse, empezamos a cambiar el cuerpo, a transplantar los �rganos, a reproducirnos artificialmemente; entonces, ya no tenemos ning�n punto de certeza, ni la natura ni el sujeto, y as�, surge la inquietante pregunta de qu� debemos ser, m�s all� de qu� debemos hacer.

3-La medicalizaci�n de la vida. Se produce con m�s �nfasis en el a�o 1978, cuando aparece una enciclopedia con ese nombre. Su editor Warren Reich vacil� mucho antes de pon�rselo. En realidad se trata de una enciclopedia de moral m�dica ampliada, es decir, de la �tica m�dica tradicional reformulada con extensi�n a la enfermer�a, a la atenci�n de la salud, a los problemas sanitarios, a los del medio ambiente, etc. El hombre, condicionado por la finitud, su vulnerabilidad, su caducidad, su mortalidad, por una enfermedad, se medicaliza . Se medicaliza la existencia y condici�n humana. La medicina siempre juega en este filo, entre lo espiritual y lo positivo, lo cient�fico. Pero, el abuso de este poder, el de medicalizar todas las condiciones de la existencia humana, es lo que ha llevado a un gran incremento del poder de la medicina, a lo que llamamos la medicalizaci�n de la vida, e incluso, m�s espec�ficamente, la hospitalizaci�n de la vida. Lo expuesto se�ala que en la existencia de la bio�tica han influido, desde el punto de vista m�dico, es decir, como cambio en la �tica m�dica, las transformaciones que ha sufrido la medicina en los �ltimos 25 - 30 a�os. Estas transformaciones son de tres tipos.

- Una transformaci�n cient�fica y tecnol�gica, innovaciones tecnol�gicas y nuevas situaciones terap�uticas que est�n transformando el concepto de medicina.

- Una transformaci�n social , fundamentalmente, en las relaciones m�dico -paciente y de la medicina con la sociedad; se ha pasado de un modelo fiduciario , esto es, de confianza en la pareja m�dico - paciente, a un modelo contractual que antes, supuestamente, era m�s id�lica y se asemejaba m�s bien a la pareja de hombre viejo y mujer joven, es decir, hab�a una suerte de romance en esta relaci�n que, por otra parte, sigue existiendo

. - Una transformaci�n pol�tica en la atenci�n de la salud, porque la medicina tiene enorme poder, pues significa bienestar y bienestar significa calidad de vida y muchas cosas m�s.

Entonces la salud es hoy fundamental pero constituye un gran problema econ�mico; la salud crece en sus costos d�a a d�a y el control de estos costos es uno de los grandes desaf�os que tiene la pol�tica sanitaria, transform�ndose, asimismo, en pol�tica global. Estas tres transformaciones han dado lugar a que la bio�tica empezara a ver, para cada una de estas situaciones, la necesidad de recalcar ciertos principios. Para las innovaciones tecnol�gicas rige el principio de beneficio, en el sentido de BONUM FACERE, producir el bien, no en el sentido fil�ntr�pico, o altruista o caritativo de beneficiencia. El otro principio importante en la relaci�n m�dico - paciente es la autonom�a, esto es la autodeterminaci�n o autogobierno, en definitiva, la libertad que tienen los pacientes, de definirse como agentes morales, esto es sujetos racionales y libres, para saber y tomar parte en las decisiones que les competen, como son las decisiones sobre la salud y la vida. Otro es el de la Justicia, que ha venido a normalizar el campo de la asignaci�n de los recursos en salud, recursos que, por naturaleza, son costosos y escasos y la asignaci�n de los mismos exige un criterio de justicia racional compartible, consensuable, por los miembros de una determinada sociedad u organizaci�n.

LA RELACI�N M�DICO - PACIENTE EN EL PRINCIPIO Y FIN DE LA VIDA.

Los anticonceptivos, diagn�stico prenatal, experimentaci�n humana, la experimentaci�n terap�utica versus no terap�utica, la eutanasia, la muerte y el suicidio son conflictos que obligaron a definir la �tica como "men� de principios" que se deben seleccionar y aplicar frente a casos concretos. Por lo tanto la �tica qued� constituida como una rama de la teor�a de la decisi�n. El sesgo predominante de esta disciplina ha consistido en cuestionar el conjunto de suposiciones que se toman por sentado de la vida moral. El concepto de persona tambi�n se revisa. La relaci�n que ha supuesto que la raz�n controla el deseo ha conducido a un nuevo error, puesto que la misma no consiste s�lo en la capacidad de calcular y coordinar con distintos medios, sino que en la configuraci�n de la raz�n se incluyen factores no intelectuales como son las emociones conscientes o inconscientes. As� vista la raz�n en la persona se explica que se transforma en un tema de negociaci�n de procedimientos ante fines en conflicto. Se ha colocado al ser normal como n�cleo de una entidad aut�noma: la racionalidad y, por lo tanto, la autonom�a es el agente moral, el agente racional, no es un agente de sentimiento.

LA �TICA Y LOS AVANCES EN GEN�TICA.

Las implicaciones de la nueva gen�tica con el descubrimiento del ADN que concluye en que cada d�a se aprende m�s sobre lo que el ser humano supuestamente cree que es. Si bien las investigaciones gen�ticas dan pautas sobre qu� realmente es el ser humano, tambi�n llevan a nuevos interrogantes �ticos que superan la pr�ctica y el pensamiento anterior sobre la persona y tienen que originar una reformulaci�n del fundamento de la vida moral. La industria de la fertilizaci�n in vitro se la ve como efecto de considerar la esterilidad como una enfermedad pasible de tratamiento m�dico. El tema de la terminaci�n selectiva como uno de los riesgos de la fertilizaci�n in vitro, puesto que una vez que han utilizado hormonas potentes para promover el desarrollo de huevos m�ltiples se pueden crear embarazos m�ltiples, Con el riesgo de perder a todos selectivamente se ha propuesto abortar a algunos de los fetos manteniendo a otros pero sin determinar sobre qui�n va a recaer la elecci�n o qu� va a motivar la misma. La privacidad respecto de brindar informaci�n gen�tica en cuanto a s� mismo es otro de los temas preocupantes ya que existe un derecho sobre la propia conformaci�n gen�tica que implica la pregunta sobre qu� significa ser uno y tener derecho sobre el cuerpo, la vida y la historia. Este interrogante no se resuelve con la distinci�n entre lo que es de uno y lo que es del otro. Hay un laberinto conceptual en la determinaci�n sobre qui�n es una persona y qui�n es otra y c�mo se conectan con el cuerpo que experimentan como propio. En el apuro para actuar todav�a se tienen que considerar las implicancias completas del simple hecho de que en la �tica contempor�nea no se ha demostrado un esfuerzo concertado para entender, conocer, aunque no completamente, lo que constituye la humanidad. La incertidumbre, la incapacidad para conocer, no solamente los efectos a largo plazo de nuestra tecnolog�a en la vida humana del futuro, sino, tambi�n, cu�l va a ser el efecto de la intervenci�n en vida embri�nica o la intervenci�n sobre algunas piezas del genoma que debe tener efecto sobre otras partes del mismo, obliga a actuar con exagerada cautela y tolerancia y a la necesidad profunda de pensar. Es innegable que se tiene acceso, sin cr�ticas, a lo que es excitante y desafiante en lo nuevo. Existe el riesgo de socavar la tarea genuina de la medicina y de la investigaci�n biom�dica. No se tiene que perder la sabidur�a del cuerpo com�n y tenemos como ejemplo metaf�rico que el �guila no pierde la visi�n en vuelo y que debe volver para buscar la vida sobre la tierra. Es un punto de vista y, por lo tanto, un desaf�o m�s a enfrentar.

�TICA DE LA MEDICINA POSMODERNA.

La medicina desde sus or�genes hipocr�ticos, se defini� y, as� lo hace el diccionario, como el arte de curar las enfermedades y de prevenir la salud. Que la medicina se conforme con el cuerpo normal, no es compartido por las t�cnicas, como la de transplantes y de fertilidad asistida y dem�s, que nos muestran instalada una medicina del deseo - recordemos a Pigmali�n o a Narciso. La llamada medicina preventiva - primaria, secundaria, terciaria, seg�n la can�nica de la higiene - hoy en d�a se est� convirtiendo, en un concepto que es el nuevo nombre de la salud, el concepto de calidad de vida. No se habla casi de m�s de salud, se habla de calidad de vida; salud todav�a en un t�rmino fisiol�gico, biol�gico, organicista, m�dico, que corresponde a un paradigma decimon�nico positivista. Calidad de vida responde mejor a la cultura light, caracter�stica de nuestro tiempo. Una medicina pigmali�nica o desiderativa y el concepto de calidad de vida, coexisten en una cultura o en un contexto que llamamos posmoderno y cuyos referentes son Pigmali�n y Narciso. Y esa conjunci�n, un m�dico con poder de Pigmali�n y un paciente con actitud narcisista, pueden llevar una peligrosa alianza. El desaf�o es el de controlar a esta medicina del deseo y a esta cultura - salud de legitimaci�n hedonista. Esta medicina del deseo tiene cinco figuras: medicina predictiva, medicina psicoconductiva o psicag�gica, medicina paliativa, medicina permutativa o sustitutiva y medicina perfectiva. No son nuevas l�neas cient�ficas, son orientaciones del deseo, pero todas las t�nicas hoy facilitan esta clase de medicina. MEDICINA PREDICTIVA: No cabe dudas de que esta medicina existe gracias a la gen�tica y a la inmunolog�a. Se podr�a definir en el curso vital de un individuo el desarrollo de determinada patolog�a. Esta es una capacidad nueva, el diagn�stico gen�tico es una nueva capacidad de la medicina. El destino, ahora sabemos que no est� en los astros sino que est� en los genes, y la carta de identidad gen�tica que muy pronto el proyecto genoma humano pondr� a nuestra disposici�n, nos va a traer desaf�os morales problem�ticos, porque esta informaci�n confidencial, reservada de tanto valor, es como dicen los ingleses, "the burden of Knowledge", la carga del conocimiento, hasta qu� punto saber o no saber. Por supusto, en casos concretos, el diagn�stico prenatal y el aborto gen�tico, plantean nuevos desaf�os y nuevas responsabilidades de justificaci�n moral. MEDICINA PSICOCONDUCTIVA: Cada vez m�s la psicofarmolog�a, la psicocirug�a, la psicoterapia, el psicoan�lisis controlan nuestras conductas y nuestras mentes. Hoy en d�a existe la cultura del "Prozac" y de la "performance", es decir, que se toman medicaciones no para controlar una enfermedad, sino para dar mejor resultado o rendimiento. En una pastilla se obtiene vigilia, sue�o, entusiasmo, el �nimo alto, el �nimo bajo; en una c�psula est� todo. Es "soma", la pastilla que en griego significa "cuerpo" y se daba para todo : para el delirio m�stico o el criminal. Para cualquier cosa el hombre puede recurrir a un esp�ritu qu�mico que va a regular su vida.

MEDICINA PALIATIVA: Es la medicina del confort, que intenta acompa�ar, ayudar a morir y controlar los s�ntomas, el dolor, las molestias. Lo que pretende la medicina paliativa no es curar, sino cuidar, con lo cual recupera una vieja dimensi�n del arte de curar. "Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre", era un adagio que repet�an los modernos desde Paracelso. La medicina del confort tambi�n se enfrenta a problemas y desaf�os muy serios: Una opci�n puede ser la del suicidio asistido y tambi�n la eutanasia, esto es terminar la vida de un paciente mediante una inyecci�n letal.

MEDICINA PERMUTATIVA: Es la m�s pigmali�nica. Es la que transforma nuestro cuerpo de una manera in�dita hasta muy poco tiempo. Estas nuevas formas son los transplantes de �rganos y tejidos, la reproducci�n m�dicamente asistida y la ingenier�a gen�tica. Gran desaf�o el de los transplantes de �rganos, porque implican muchos problemas �ticos, sociales y pol�ticos. Carlos Marx dijo que la reproducci�n es la primera forma de econom�a, la primera forma de producci�n. Hoy se puede decir que la reproducci�n es la �ltima forma de producci�n, es decir que estamos reproduci�ndonos artificialmente, como una forma de producci�n. Los problemas de estos ya conocidos, los embarazos m�ltiples y tantos otros temas posibles como el embarazo masculino ( que el famoso "Junior" ha tra�do hace poco) y que est�n en el imaginario social son algunos de los tantos dilemas que necesitan del control �tico b�sico.

MEDICINA PERFECTIVA: Tiene ya una expresi�n cultural entre nosotros muy difundida, que es la medicina pl�stica, sobre todo la cirug�a est�tica - cosm�tica. La medicina perfectiva ser� la gen�tica, es decir, las posibilidades que tendremos de elegir el color de los ojos, el f�sico, el sexo, etc.; y mejorar cualidades humanas que consideramos estimables o deseables. �ste es el desaf�o, todav�a no instalado, el de una medicina perfectiva que estar� en vigencia en el siglo que viene. � c�mo controlarla?, es el desaf�o simult�neo. No obstante estos desaf�os, problemas y/ o dilemas a tener en cuenta, se trata de perseverar en el otro aspecto del arte de curar. El concepto de salud ha venido matiz�ndose desde el a�o 1946. Desde ese a�o en que se crea la OMS, Organizaci�n Mundial de la Salud, en cuya carta fundacional se declara aquella famosa definici�n: "la salud es un estado de completo bienestar f�sico y social y no simplemente la ausencia de enfermedad", la salud tiene una definici�n pol�tica, la del "Estado de Bienestar", la sociedad de consumo o el neocapitalismo econ�mico. En los a�os sesenta comienza la teor�a del bienestar, en los setenta, el tema ecol�gico, en los setenta y ochenta aparecen los estilos de vida, despu�s aparecen los servicios de salud y finalmente, la gen�tica. Es decir, la salud o calidad de vida es el resultado de estos cinco grupos de factores. "Salud para todos en el a�o 2000"es un globo que ya se pinch�, que nadie est� dispuesto a defender y, sobre todo el tema del SIDA, no puede decirse que vayamos del todo bien. Pero, es cierto que se identifica en un momento, en los a�os cuarenta, despu�s de la guerra, la salud con el consumo y con el producto bruto interno, esto es con el bienestar; bienestar como concepto fundamental econ�mico. Los estilos de vida, es decir nuestras conductas, inciden de manera significativa en el proceso salud y enfermedad, pero la ambig�edad de los estilos de vida tambi�n est� representada por el "gordoinfl�n que est� haciendo ocio sobre sus aparatos de gimnasia".

Los servicios de salud tienen mucho que ver con la salud, cosa que a priori no hab�a por qu� admitirlo, porque podr�a ser que la medicina fuera "iatrog�nica" , que no necesariamente creara m�s salud. Pero no, es un hecho que la salud para nuestra sociedad depende en buena y gran medida de la atenci�n m�dica.

Por �ltimo la Gen�tica, la herencia en el proceso salud - enfermedad, la cura repartida entre la Biblia y el c�digo gen�tico, da cuenta del hombre como cultura y naturaleza.

CONTENIDO - DESARROLLO

BIO - �TICA DA QUE PENSAR. Probablemente razones m�s morfol�gicas que sem�nticas determinaron la adopci�n del vocablo bio�tica en USA, como tantos otros neologismos modernos compuestos de ra�ces griegas, lengua de singular capacidad asociativa de palabras.

La preferencia de la biomedicina por el griego -tan marcada como la del derecho por el lat�n - y la existencia de un centenar de vocablos dotados del prefijo vital, legitimaron entrelazar las palabras bios y ethik�. Por otra parte, este enlace no es una de esas quimeras lingu�sticas o palabras compuestas por radicales tomados de lenguas distintas ( por ejemplo, biomedicina).

Resulta oportuno el consejo de Wittgenstein de tratar las palabras como el m�dico trata las enfermedades, o acaso proponer una lexicobio�tica para el control del lenguaje biom�dico.

La etimolog�a nos dice sobre la verdadera vida y �tica de la bio�tica, literalmente "�tica de la vida" (como tambi�n "vida de la �tica").

Bios es en griego vida humana y no vida org�nica ( zoe), de modo que su sentido no es biol�gico sino an�logico, y lo mismo que el lat�n vita significa biograf�a, historia o relato. Ethik� procede de �thos, del que existen en griego dos t�rminos, casi hom�nimos y sin�nimos: ethos = car�cter, disposici�n moral; y ethos = costumbre, h�bito. Pero la acepci�n ethos en el griego cl�sico, por ejemplo en Homero , es de lugar, vivienda o morada, algo f�sico y no moral, que refuerza el sentido de propio o �ntimo.

El lat�n mos moris es un calco morfol�gico y sem�ntico perfecto del griego ethos ( lo moral como �nimo, costumbre y morada). El concepto bio�tico se resume en la expresi�n griega biot�s, la vida buena, que vale la pena vivir. Independientemente de la etimolog�a cl�sica grecolatina, la palabra bio�tica tiene gran poder sugestivo como expresi�n de la cultura actual. Pero para no seguir la corriente mistificadora del nombre, es preciso la fidelidad al ethym�n de la bio�tica desde el habla griega. Y �sta nos dice que bios es vida humana, cuyo discurso corresponde a la antropolog�a, y que ethos es el lugar por autonomasia del hombre, la polis, objeto de la pol�tica. Bio�tica es vida social (e hist�rica), procura de un mundo habitable o una vida vivible.

A VERDAD TRANSCULTURAL DE LA BIO�TICA.

Es curioso que la cuesti�n nominal de la bio�tica no sea tal cuesti�n en la literatura corriente de la disciplina. Muy pocos t�tulos en la bibliograf�a internacional, mayoritariamente norteamericana, registran De nomine quaestio.. Inversamente, en los pa�ses latinos que asimilaron y recrearon la bio�tica, se ha cuestionado el nombre y la mentalidad de �sta, proponi�ndose alternativas.. M�s all� de una reacci�n xen�foba al colonialismo bio�tico - americano, el hecho reflejar�a una diferencia cultural en el abordaje de la disciplina, vale decir en su fundamento o modelo conceptual. Mientras que la tradici�n empirista anglosajona, y en particular la pragmatista norteamericana, se inclina por un procidentalismo, la tradici�n racionalista europeocontinental, y en especial la euro latinanoamericana o mediterr�nea, es proclive a un fundamentalismo. No cabe duda sobre la posibilidad y necesidad de integraci�n entre ambas tradiciones culturales. Quiz�s esa mediterr�nea ra�z grecolatina aflora en la cuesti�n nominal de la bio�tica. Acad�micamente se percibe la disciplina como una manera de pensar, una filosof�a pr�ctica o aplicada como paradigma de la moral civil y tecnocient�fica de nuestro tiempo. Por otra parte, se entiende a la bio�tica como que significa �tica m�dica renovada, pues constituye la nueva filosof�a de la medicina (iatrofilosof�a) en la crisis de identidad de �sta respecto de su objeto, m�todo y fin, para cuyo correspondiente escrutinio filos�fico hacen falta una antropolog�a, una epistemolog�a y una axiolog�a (agatolog�a) m�dicas. Por �ltimo, pero en forma abierta, se piensa a la bio�tica como biofilosof�a, con su teor�a (fenomenol�gica, anal�tica, dial�ctica u otras) y su pr�ctica ( biomoral, bioderecho, biopol�tica...) de la vida. En cualquier caso, se conf�a en la bio�tica como nueva vida de la �tica en la actual crisis de la humanidad, con la esperanza de una revolucionaria apropiaci�n bio - �tica del destino humano y llegar a ser lo que queremos y nos debemos ser.

TRES TEMAS DE LA BIO�TICA RELACIONADOS CON CONTENIDOS DE LA LITERATURA DE FICCI�N. HERRAMIENTA DE AN�LISIS COMPARATIVO.

Cap�tulo 1: Bio�tica Paradigma de la �tica Tecnocient�fica.

Esta incursi�n es la del desarrollo de la ciencia y de la t�cnica del siglo XX, con las ambivalencias del mismo, y, c�mo estas ambivalencias reconocidas desde la m�s remota antig�edad, desde el mito, han llegado hoy a hacerse dram�ticamente sensibles. El mito de D�dalo e Icaro ilustra en la antig�edad cl�sica, en Grecia, justamente este rostro j�nico del progreso; esto es, c�mo la ciencia y la t�cnica tienen una cara positiva, se puede producir el bien como consecuencia de la aplicaci�n del conocimiento a nuestros fines pr�cticos, pero tambi�n se puede caer en el error, en el mal y �sta es la cara negativa. El tema es muy conocido, D�dalo e Icaro , padre e hijo, est�n encerrados en un laberinto que el primero hab�a construido para encerrar al Minotauro y la �nica salida del laberinto, se le ocurre a D�dalo, y que es a trav�s del vuelo, imitando a los p�jaros. Construye entonces unas alas que adosa a los hombros de �l y de su hijo, pegadas con grasa o miel y consiguen as�, con este invento que es el vuelo, el avi�n, escapar del laberinto. D�dalo hab�a advertido a su hijo no volar cerca del sol, pues el calor derretir�a el pegamento y caer�a al vac�o. Icaro no logra el �xito con esta operaci�n, pues no sigue el consejo de su padre de no aproximarse demasiado al sol y, entusiasmado por el placer de volar y la felicidad de la libertad, desoye el consejo paterno y cae al mar. Los griegos quisieron dar a entender con esto que toda invenci�n "tecnol�gica" comporta esta ambivalencia, este rostro j�nico. Y los griegos tambi�n expresaron esta ambivalencia en una figura mitol�gica de la Quimera, un monstruo formado por las partes de distintos animales. Beleforonte fue el h�roe que mat� a la quimera. Beleforonte tambi�n sucumbi� a la depresi�n que lo llev� al suicidio. Con ello, tal vez los griegos quisieron dar a entender que el hombre no puede dejar de pensar en la quimera, de crear la quimera. En la actualidad tenemos la posibilidad de retornar a los monstruos: los dinosaurios de Jurassic Park, o el famoso �rbol artificial conformado con cabezas y partes de m�s de un centenar de animales, en el recientemente inaugurado "Animal Kingdom" en el Disneyworld de Miami, son un ejemplo, pues de alguna manera en el imaginario social nos recuerdan estas posibilidades que tiene el hombre con su poder tecnocient�fico de recrear criaturas o monstruos.; pero no se debe olvidar que la quimera es tambi�n la met�fora de la fantas�a, de la ilusi�n, de la imaginaci�n, de la poes�a, de la utop�a. Sin quimera no hay posibilidad de vida para el hombre, como Beleforonte demostr�. Siempre se ha sabido de esta ambivalencia, pero la ciencia y la t�cnica del siglo XX la han llevado al paroxismo. Primero, porque la ciencia tiene un poder en si mismo destructivo, la humanidad lo ha experimentado: la bomba at�mica, la explosi�n nuclear fue para la humanidad la toma de conciencia del pecado original; es decir, la posibilidad de que la ciencia y la t�cnica se empleen para el mal. Esta ambivalencia es la de un gran poder destructivo que implica el exterminio no solamente de algunos hombres, sino de la totalidad del g�nero humano. Tambi�n una humorgraf�a del dibujante Quino recuerda el Holocausto Nuclear en c�mo San Pedro ve la tierra explotar como una bomba at�mica, preparando aureolas para todos los hombres . El potencial destructivo de la f�sica nuclear, ha sido uno de los grandes hitos del siglo XX de nuestros puntos de referencia para sospechar del poder de la ciencia y de nuestra posibilidad de controlarlo. Tanto es as� que este poder destructivo se conjuga con otra novedad de la ciencia en el siglo XX, que es su capacidad factiva o creativa. La ciencia cl�sica, que se distingu�a de la t�cnica, era una ciencia contemplativa, esto es, una ciencia que observaba, que pretend�a no modificar la realidad, y cuando lo hac�a, lo hac�a a trav�s de la t�cnica con criterios muy finalistas, pr�cticos, morales. Del poder factivo, creativo de la ciencia, sumado a la posibilidad de su utilizaci�n negativa o para el mal, crea algunas fantas�as que en el imaginario social se reiteran con bastante frecuencia y son, fundamentalmente tres, aunque por supuesto existen m�s.

a) Una de las leyendas que m�s injerencia tiene en el imaginario social es la del aprendiz de brujo, una balada de Goethe, que recoje una vieja tradici�n europea por la cual se quiere dar a entender que podemos utilizar el conocimiento, pero �ste puede utilizarnos a nosotros. Esta historia se reprodujo en cine. Walt Disney la llam� "Fantas�a", donde el rat�n Mickey lo protagoniz�. La partitura de Paul Dukas le dio el "scherzo" necesario para qu� pasa con esa escoba que se pone a barrer por su cuenta, que termina inundando el laboratorio del brujo, y, si �ste no llega a tiempo, el aprendiz hubiera sucumbido a la cat�strofe. Esa posibilidad de cat�strofe se tradujo en 1976, en California, donde se reunieron doscientos bi�logos moleculares para proponer una moratoria de las investigaciones biogen�ticas con el prop�sito de evitar posibles efectos indeseados: los llamados bioazares, por la salida al exterior de material de laboratorio, virus, etc.

b) Otra fantas�a corriente en nuestros d�as, respecto del desarrollo tecnocient�fico, es el del Dr. Frankenstein, tambi�n argumento de 1818. Mary Godwin, esposa de Shelley, el gran poeta ingl�s, escribe esta novela de terror dentro del movimiento g�tico, pero de alguna manera, creando el g�nero de anticipaci�n o de literatura de ficci�n, porque es el caso de Frankenstein, tantas veces llevado al cine desde Boris Karloff a Mel Brooks y, recientemente, Coppola con Robert de Niro. El tema de Frankenstein, ya no el bioazar o la biocat�strofe, sino la diog�nesis o la teratog�nesis, se refiere a la capacidad que tienen la ciencia y la t�cnica de engendrar monstruos.

c) La tercera met�fora del imaginario social respecto del progreso tecnocient�fico corresponde al famoso Un Mundo Feliz (Brave New World), de Aldous Huxley, novela que narra en forma de anticipaci�n, en 1932, lo que ser�a la sociedad biocr�tica, una sociedad dominada, controlada, normatizada por el poder cient�fico y t�cnico y, muy particularmente, biol�gico. Las p�ginas de Huxley sorprenden todav�a, en forma retrospectiva porque en ellas podemos encontrar la embriog�nesis, la partenog�nesis, la clonaci�n, los beb�s de probeta, la eutanasia, los cuidados paliativos, los hospitales de moribundos, la psicofarmacolog�a actual, etc. Huxley ahonda sobre el extravagancia de la ciencia, la t�cnica y el megaintelectualismo cuando dice: "

...Una de las cosas m�s dif�ciles de recordar es que el m�rito de un hombre en una esfera o contexto, no constituye una garant�a de su m�rito en otra.../...el problema est� en transformar un escepticismo intelectual de espectador en un modo de vida general y armonioso..../...lo evidente a que vuelve el intelectual, si llega bastante lejos, no es, por supuesto, lo mismo que lo de los no intelectuales. Porque de �stos es la vida misma, y lo evidente de aqu�l no es sino la idea de esa vida. No son muchos los que pueden dotar de carne y sangre a esta idea y hacer de ella una realidad.../El verdadero encanto de la vida intelectual, la vida consagrada a la erudici�n, a las investigaciones cient�ficas, a la filosof�a, a la est�tica, a la cr�tica; es su facilidad. Es la sustituci�n de las complejidades de la realidad. Es incomparablemente m�s f�cil saber muchas cosas, por ejemplo, acerca de la historia del arte y tener ideas profundas acerca de la metaf�sica y de la sociolog�a que, saber intuitivamente y personalmente algo acerca de nuestros semejantes y llevar relaciones satisfactorias con nuestros amigos y nuestros maridos, mujeres, amantes , hijos.../Vivir es m�s dif�cil que el s�nscrito, la qu�mica o la econom�a pol�tica. La vida intelectual es un juego de ni�os; lo cual explica el que los intelectuales tiendan a convertirse en ni�os y luego en imb�ciles y, finalmente, como claramente demuestra la historia pol�tica e industrial de los �ltimos siglos, en lun�ticos homicidas y bestias salvajes. Es mucho m�s f�cil ser un ni�o intelectual o un lun�tico que un hombre adulto y armonioso. He aqu� por qu� tanta demanda de educaci�n superior.

Las personas se abalanzan hacia los libros y las universidades como hacia los caf�s. Quieren ahogar su conciencia de las dificultades que presenta el vivir adecuadamente en este grotesco mundo contempor�neo; quieren olvidar su deplorable insuficiencia en el arte de la vida.../Los libros y las conferencias son mejores para ahogar las penas que la bebida y la fornicaci�n: no dejan dolor de cabeza, ni aquella desesperante sensaci�n de post coitum triste...". Nada m�s cl�sico y m�s actual, Huxley hac�a esta referencia respecto del saldo que dejaba la revoluci�n industrial; hoy se reactualiza pues "la gente se abalanza sobre computadoras, Internet, cibern�tica en general, m�s hacia las drogas que al vino, etc". Tambi�n cuando dice: "...Habi�ndose acostumbrado uno a dividir y vencer en nombre del intelecto, es dif�cil detenerse.../ la dificultad consistir� en actuar conforme a la creencia.../ Un hombre que se ha esforzado siempre por alentar sus tendencias intelectuales a expensas de todas las dem�s, evita cuanto puede las relaciones personales; observa sin participar; no gusta de abandonarse, es siempre espectador m�s que actor.../...por esa supresi�n de relaciones emotivas y de piedad natural se le figura que consigue liberarse, liberarse de la sentimentalidad, de lo irracional, de la pasi�n, de la impulsividad, de la emoci�n..., pero en realidad no ha hecho otra cosa que estrechar y disecar su vida y, lo que es m�s, ha embotado su inteligencia por el mismo procedimiento con que pensaba emanciparse. Su raz�n es libre, pero tan solo para ocuparse de una peque�a fracci�n de experiencia. �l se da cuenta de sus defectos psicol�gicos y, te�ricamente desea modificarse. Pero es dif�cil romper con los h�bitos de toda una vida, y puede que los h�bitos no sean sino la expresi�n de una indiferencia y una frialdad innatas que ser�a casi imposible vencer...y, para �l, de todos modos, la vida simplemente intelectual es m�s f�cil; es la l�nea de menor resistencia, porque es la l�nea que evita a todos los seres humanos..." La ciencia, adem�s de ser destructiva en su poder, tiene la posibilidad de ser creativa - factiva y no meramente contemplativa, como los ejemplos anteriores lo han se�alado, es una ciencia antropopl�stica, una ciencia y una t�cnica demi�rgicas; la revoluci�n biol�gica nos muestra esto de manera muy clara. En esta t�cnica demi�rgica, esto es t�cnica capaz de crear al hombre o, por lo menos, de transformarlo, de recrearlo , hay dos grandes l�neas tecnol�gicas: una es cibern�tica, que a trav�s de la inteligencia artificial y la rob�tica suple las capacidades humanas con la m�quina y la otra llamada biogen�tica, que es la capacidad de producir la vida en el laboratorio. La posibilidad cibern�tica sorprende en la cantidad de pel�culas que reflejan las transformaciones del cuerpo contempor�neo: "Terminator", "Alien"., "Batman", "La Mosca", "Freddy Cruger", "Tijeras", "The Mask",etc; como si el cine, tambi�n , estuviese revelando en pantalla todas estas posibilidades de Pigmali�n. La otra l�nea demi�rgica antropopl�stica es la del hom�nculo, que consist�a, seg�n la tradici�n herm�tica y tambi�n de los alquimistas y de Paracelso, entre otros hombres del Renacimiento, en producir al hombre en el laboratorio, en la probeta o en el alambique, a partir del semen. Esta historia hoy se ha realizado con la fertilizaci�n in vitro; el hombre ha podido extraer el huevo del nido, ponerlo en la placa de Petri, fertilizarlo y luego hacer con �l muchas cosas m�s. La alternativa de Pinocho viene a cuento para recordar que el hombre no es un animal sin raz�n, ni es una m�quina, y �sta es una gran ambivalencia y su gran dificultad; el hombre no se reduce a la vida, ni siquiera en el laboratorio, ni se reduce a la m�quina por m�s sofisticada o rob�tica que sea. La tierna historia de Pinocho que acu�� nuestros sue�os infantiles y debemos a la pluma de Carlos Lorenzini o Callodi, que era su seud�nimo, sali� como historia para ni�os que muestra c�mo el hombre no es ni una madera ni un esp�ritu, o sea no es cuerpo ni es alma, sino un producto de la cultura y de la educaci�n. Pinocho es un perverso polimorfo, es el ni�o malo, desobediente , ego�sta, ingrato con su progenitor y mentiroso, las hace todas, se junta con malas compa��as; pero lentamente va desarrollando su consciencia moral hasta llegar a ser una persona de buen coraz�n.

Cap�tulo 2: Crisis de la Vida y de la �tica.

La vida ha pasado, b�sicamente, por tres crisis:

1. La cat�strofe ambiental - el problema ecol�gico - , que afecta la supervivencia de la especie y de la naturaleza in toto.

2- La revoluci�n biol�gica, que est� transformando la naturaleza humana.

3- La medicalizaci�n de la vida, o los problemas que acarrea la atenci�n de la salud en una cultura - salud, en una sociedad cada vez m�s medicalizada, esto es, que cae bajo el control de los saberes m�dicos y las praxis m�dicas.

1-La bio�tica como disciplina no se conform� con la idea de Potter. Sin duda, el gran problema o el problema macro de la bio�tica es la crisis de la vida por la cat�strofe ambiental; esta situaci�n de la tierra en terapia intensiva, o sea el hecho de que cada vez comprendemos m�s que nuestros recursos naturales se extinguen, se agotan y nuestro medio o h�bitat se deteriora. Ello puede considerarse como mito, como Gaia, es decir, un organismo en el equilibrio paradigm�tico u home�stasis. Se reconoce una falta de �tica de la vida que se puede simbolizar con la figura b�blica de No�, cuyo libro sobre el diluvio universal, la fabricaci�n del arca de salvaci�n de las especies y de la especie humana, es el argumento ecol�gico perfectamente descripto en la Biblia. Se extrae como an�lisis literario de la misma la necesidad de la Alianza, como una simbiosis con la naturaleza, un reconocimiento de ella como nuestra socia o compa�era, no como nuestra enemiga a quien debemos simplemente dominar tal como fue la consigna baconiana de los tiempos modernos: la de que el hombre es el se�or de la naturaleza, debe conquistarla, dominarla y someterla a su arbitrio. De hecho, por ese camino, se han conseguido muchas cosas, grandes cosas, la revoluci�n industrial finalmente, pero tambi�n con ello se ha llegado a los l�mites de nuestras posibilidades de habitar el planeta. La Alianza desde No�, o el pacto, es una imagen fecunda en la cual debemos instalarnos �ticamente, como nuevo pelda�o moral hacia fines de siglo.

2-La segunda crisis bio�tica es la revoluci�n biol�gica con la fantas�a del hom�nculo, el hombrecito saliendo de un tubo de ensayo seg�n la doble h�lice de Watson y Crick como estructura del ADN, y el hombre formulado o reformulado en el laboratorio. Esto lleva a la comparaci�n mitol�gica de Pigmali�n , escultor chipriota que se hab�a enamorado de la estatua salida de sus propias manos y logr� que Venus, la diosa del amor, le concediera el milagro de convertirla en una mujer de carne y hueso, Galatea, con quien Pigmali�n se cas�.

�Qu� ense�a Pigmali�n?.

Un mito, que en la cultura occidental desde Ovidio hasta Bernard Shaw, es una constante. Pigmali�n es una voluntad antropopl�stica, muy machista, porque quiere hacer la mujer ideal, la mujer de sus sue�os ( dentro de una cultura occidental muy machista). Pero en general el hombre aspira a plasmar al hombre, a reformular al hombre y esta es una propuesta pigmali�nica, antropopl�stica, la posibilidad de modelar, de esculpir, de transformar el cuerpo humano. La biolog�a molecular y la biogen�tica son una verdadera revoluci�n, un punto de inflexi�n, el desarrollo de la tecnociencia como la fisi�n at�mica y la teor�a at�mica fueron respecto de la f�sica nuclear, un equivalente de lo que es la biolog�a molecular. Lo pigmali�nico se observa en el hombre como ser carenciado, minusv�lido, deficiente comparado a cualquier otro animal, pero logra compensar sus carencias originarias o adquiridas mediante artefactos o aparatos ortop�dicos de la cultura. Son las pr�tesis que el hombre va fabricando para lograr los objetivos de su supervivencia, porque la crisis de la vida lo superan. Otros ejemplos de esta �ndole se encuentran en El Retrato de Dorian grey, Fausto, etc., Asimismo, el tema de los principios de la Bio�tica, respecto de los "deberes del m�dico", escrito por el eximio dramaturgo Italiano, Luiggi Pirandello, y sabiamente interpretado en nuestro pa�s por "El Grupo de Teatro Latino",correspondiente al C�rculo M�dico de Lomas de Zamora, dirigido por el actor y director argentino Juan Di Tullio.

3-La medicalizaci�n de la vida encuentra su paradigma y/ o correspondencia literaria en 1978 cuando aparece una enciclopedia, cuyo editor fue Warren Reich, sobre moral m�dica ampliada como �tica m�dica tradicional con extensi�n a la enfermer�a, a la atenci�n de la salud, a los problemas sanitarios, a los problemas del medio ambiente, etc, y cuya figura literaria es la del Dr. Knock.

Los hipocr�ticos fueron los primeros en introducir en el estudio cl�nico, el concepto de crisis (cambio, no s�lo algo negativo). Knock o el triunfo de la medicina fue estrenada en Par�s en 1923.

Knock tiene una tesis muy audaz para su �poca que defend�a con tanto entusiasmo como la bio�tica, la cual dice: "sano es un enfermo que se ignora; no existe la salud, lo �nico que existe es la enfermedad m�s o menos cr�nica, m�s o menos aguda, m�s o menos grave, m�s o menos ligera. No existen sujetos sanos, s�lo existen sujetos enfermos".

En otras palabras knock estaba diciendo: "no existe m�s gente siguiendo un tratamiento"; lo cual es evidente actualmente con la cultura de la medicalizaci�n, controlada con el poder m�dico. Hoy todos siguen una dieta , hacemos ejercicio, controlamos nuestro cuerpo, etc. La trampa de Knock est� en hacer pasar lo que es una condici�n del hombre, la finitud, su vulnerabilidad, su caducidad, su mortalidad, por una enfermedad y entonces se medicaliza la existencia humana. La medicina siempre juega en este filo, entre lo espiritual y lo positivo, lo cient�fico.

Cap�tulo 3.

�tica de la Medicina Posmoderna.

A continuaci�n se trata de comprender el impacto de la bio�tica en la medicina, a partir de las transformaciones de �sta. La medicina est� cambiando sus fines y, como los fines son los objetivos de la conducta moral, se debe examinar qu� persigue la medicina y qu� significado moral tiene este cambio de fines. La medicina, desde sus or�genes hipocr�ticos, se defini�, y as� lo hace el diccionario, como el arte de curar las enfermedades y de prevenir la salud; es decir, la medicina ha tenido inicialmente dos grandes objetivos: curar las enfermedades una vez instaladas ellas en los hombres o en la sociedad, lo que se llama epidemia y prevenirlas o promover la salud. As�, la medicina tradicional, restaurativa, se va encaminando m�s y m�s hacia una medicina que muchos han considerado del deseo. Una medicina desiderativa, del deseo que se aparta de esa funci�n meramente restaurativa o recuperadora del orden fisiol�gico. Esa "medicina del deseo o hedonista, y s�lo del conocimiento" es la que se tiene una correspondencia literaria. Ejemplos: Con la gen�tica y la inmunolog�a se puede hoy definir en el curso vital de un individuo el desarrollo de determinada patolog�a. Esta es una capacidad nueva, el diagn�stico gen�tico es una nueva capacidad de la medicina. El destino, no est� en los astros sino en los genes y en la carta de identidad gen�tica que el proyecto genoma humano podr� poner a nuestra disposici�n muy pronto. Estas novedades traer�n tambi�n sus propios problemas.

�Qu� es mejor, saber o no saber de qu� color ser�n los ojos del ni�o que espero?. Edipo, el hijo de Layo y Yocasta, es un ejemplo de ese intento por saber su afiliaci�n, su identidad, su origen y de lo que result�, finalmente, en la tragedia cuando �l supo la verdad de que hab�a desposado a su madre, matado a su padre y destronado al rey. Los tres grandes cr�menes de la humanidad: parricidio, incesto y magnicidio.

�Por qu�?

Porque quer�a saber. Esta tesis se renueva a la anteriormente ( sin negarla) consagrada por la psicolog�a en su an�lisis literario de la obra, donde se ocupa del enamoramiento de Edipo con su madre y de all� la concepci�n del complejo hom�nimo. La medicina paliativa, considerada de confort, se representa con la figura de San Mart�n de Tours, que se desprende de un pedazo de su capa para cubrir las necesidades del menesteroso. Paliare, en lat�n, despu�s palium, significa cubrir, manto, tapar. Lo que pretende la medicina paliativa no es curar, sino cuidar, con lo cual recupera una vieja dimensi�n del arte de curar: "Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre", era un adagio que repet�an los modernos desde Paracelso. Los estilos de vida, los servicios de salud resultan, a veces, en Calidad de Vida y la medicina del deseo. Dos figuras m�ticas resumen �stas: La de Narciso, en la expresi�n de Caravaggio, es s�mbolo de la cultura posmoderna, de la justificaci�n hedonista del sujeto y el individualismo contempor�neo; por otro lado Pigmali�n, el arte de transformar la naturaleza humana y la medicina del deseo. La calidad de vida responde mejor a la cultura light, caracter�stica de nuestro tiempo. Una medicina pigmali�nica o desiderativa y el concepto de calidad de vida, coexisten en una cultura, en un contexto o en una condici�n que llamamos posmoderna y cuyos representantes son Pigmali�n y Narciso ( el que mir�ndose en un espejo de agua conjura el amor y el gusto por s� mismo elevado a la m�s alta potencia), es decir un m�dico con poder de Pigmali�n y un paciente con actitud narcicista, puede llevar a una peligrosa alianza. De ambos resulta el gran poder de la medicina, simbolizado por el Dr. Knock. Pigmalionismo, Narcicismo y Knockismo son las tres tentaciones que hoy coexisten con la medicina. A La saga de Asclepio o Esculapio, corresponde el pecado original de la �tica m�dica. Asclepio o Esculapio, era el dios de la medicina para los griegos y su saga es muy conocida, la de resucitar muertos. Pero su poder lo llev� a cometer dos pecados capitales, el de la soberbia y la codicia. Resucitaba muertos considerando que �l estaba en condiciones de transgredir los l�mites de la naturaleza, de hacer lo que estaba de alguna manera solo facultado a los dioses, pero no a los mortales. Y, entonces, fue castigado por Zeus, con su saeta hoy modernizada del helicoide de Watson y Crick. Se dice que Asclepio acept� a resucitar a los muertos, un poco por hybris que dec�an los griegos , por soberbia; pero tambi�n por codicia, ya que pasaba honorarios altamente diferenciados por estas pr�cticas, tambi�n muy diferenciadas. La epicrisis de nuestra cultura se resume en el mito griego cl�sico de origen del hombre, que destaca los respectivos dones de sendos protectores del g�nero humano:

Prometeo y Hermes o Mercurio. El primero aporta con el robo del fuego las artes �gneas, esto es, los saberes t�cnicos.

El segundo distribuye igualatoriamente las virtudes morales, vale decir, la piedad, pundonor y la justicia. En el mito de Prometeo seg�n la versi�n plat�nica de Prot�goras, se describen tres intervenciones demi�rgicas en el origen de la humanidad:

a) la indefensi�n natural, generada por la torpeza de Epimeteo que dej� al hombre desvalido respecto de los animales ( desnudo, descalzo, desarmado).

b) la invenci�n de las t�cnicas, provista por Prometeo con el robo del fuego a Vulcano y Minerva, pues las artes mec�nicas y la inteligencia pr�ctica son indispensables para la supervivencia de la especie.

c) la instauraci�n de las normas, don de Zeus a trav�s de Hermes, de la sabidur�a moral o virtudes pol�ticas (piedad, pundonor, justicia), distribuidas democr�ticamente para la humana convivencia.

CONCLUSI�N

El objetivo de la introducci�n de este trabajo, se ve cumplido desde la perspectiva de un punto de vista respecto del concepto de bio�tica, teniendo como referencia al autor J. Mainetti.

El an�lisis desarrollado se ha hecho en base a breves ejemplificaciones bibliogr�ficas o del g�nero literario, pues el mismo, que podr�a realizarse "in extenso", ocupar�an una gran extensi�n manuscrita. No obstante, se ha tratado de que los mismos sean esclarecedores en cuanto al prop�sito de demostrar que esta disciplina puede resultar significativamente �til o importante en el an�lisis literario, partiendo desde su concepci�n nominal y/o ling��stica y desde su polisemia.

Para ello el o los textos del Dr. J.A.Mainetti han sido no s�lo el eje referencial sino la musa inspiradora para este prop�sito personal. A la inversa y, para repetir una instancia, el mito de Prometeo se renueva hoy en la figura de Pigmali�n, el escultor antropoplasta, con la revoluci�n biol�gica ( y bio�tica), transformadora de la naturaleza humana, una revoluci�n cultural como la del primero porque implica un punto de inflexi�n en la t�cnica y un cambio correspondiente en la humana mentalidad. Se trata de una nueva respuesta creativa del hombre a otro desaf�o vital, que amenaza la supervivencia de la especie, en nuestro caso la crisis ecol�gica planetaria.

La Bio�tica ser�a as�, el signo, desde el signo ling��stico al sem�ntico, de los tiempos como f�rmula que combina un secreto de la vida y un suplemento de la moral. Doble exigencia para el hombre en su realidad terrena. Por �ltimo, en las obras literarias encontramos el ineludible dibujo de la existencia, del destino humano, porque se distingue, sobre todo la extraordinaria t�cnica de que se sirven los autores para representar las ambivalencias de las que nos manifiesta la bio�tica, como dice claramente el Dr. Mainetti, pues es el acabado cuadro de la sociedad dentro de los limitados m�rgenes de la propia condici�n humana, d�ndonos una galer�a de comportamientos, humanos y sociales, siempre presentes, siempre cl�sicos.

 

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